El Legado de la Gran Aseguranza.
El evento: La Gran Aseguranza (GA).
Hace tres generaciones, en una cálida noche de verano, el fin del mundo llegó a su esperada conclusión. Dos potencias nucleares en ejes opuestos detectaron ataques inminentes a sus capitales y, sin dudarlo, cumplieron una promesa antigua, forjada en uranio, oro y sangre: la Destrucción Mutua Asegurada.
Este evento fue nombrado “La Gran Aseguranza”, y costó millones de vidas, diezmó culturas, devastó ecosistemas de forma irreparable y destruyó las cadenas de colaboración y comunicación globales.
Fue el resultado de una guerra silenciosa, política e ideológica que duró décadas, cuyos rencores fueron pasados de mano en mano, creciendo en profundidad e importancia en cada traspaso.
En el idioma inglés, el segundo más hablado dentro de la Unión, este evento es conocido como “The Big MAD” o “The Great Assurance”, el término en español de “la gran aseguranza” es una traducción directa de este. En ambos idiomas, la Gran Aseguranza se abrevia como GA.
El término Gran Aseguranza se refiere al evento complejo y completo; el momento de la detonación es llamado “El día de los botones”.
El Año Luminoso.
El año posterior al Día de los Botones se presentaron todos los estragos de la Gran Aseguranza.
En la primera hora, los dirigentes del mundo y los millonarios desaparecieron. Algunos internándose en búnkeres, de los cuales muchos permanecen sellados; otros se retiraron a la ELI (Estación Internacional Lunar). Aquellos que se retiraron a la ELI fallecieron aproximadamente en los primeros 3 años de su estancia; esto sería descubierto hasta casi 15 años después.
Las primeras bombas tardaron media hora en impactar, pero el bombardeo cesó por completo después de 12 horas. Las bombas iban dirigidas a bases militares y núcleos urbanos. Los cálculos históricos aseguran que se perdió el 60% de la población humana durante el Día de los Botones.
El 40% restante tuvo que enfrentarse a las lluvias radioactivas y las enfermedades que estas provocaban, a la falta de insumos, el trauma y el aislamiento.
Un mes después de los botones, iniciaron las catástrofes naturales: megaciclones que no podían prever con tiempo de sobra, terremotos con sus respectivos tsunamis, incendios forestales.
Quienes la vivieron y la recuerdan, cuentan que la gente esperaba que se apersonara alguien de sus respectivos gobiernos: militares, médicos, alguien. Pero ese enviado jamás llegó.
Al final del año luminoso quedaba únicamente el 20% de la población, según datos recopilados por la Unión.
El nombre de “año luminoso” se debe a que, según recuentos, “todo brillaba al punto de enceguecer”.
Tintas y selección.
Los Tiempos de Tintas: Azul, Verde y Rojo.
Los 10 años posteriores al Año Luminoso son conocidos como “La Década Verde” o “La Decena Azul”, dependiendo del lugar; Las bombas nucleares redujeron la temperatura global por 7 grados centígrados; en donde ya experimentaban inviernos nevados, este cambio climático llevó a inviernos aún más crudos y cielos perfectamente azules.
En otras zonas, especialmente las cercanas al mar o al ecuador, se percibió como un retroceso al calentamiento global, lo que llevó a una explosión de vida vegetal. En estas mismas zonas, se dice que los grandes cuerpos de agua emitían un destello verdoso en las noches. Algunos registros aseguran que esto era resultado de la radiación. Otros afirman que esto era causado por algas bioluminiscentes que se esparcieron en los ciclones que ocurrieron poco después de la GA.
Una tercera tinta cubrió las zonas más duramente azotadas; las áreas que sufrieron ataques nucleares directos, llamadas zonas rojas o muertas.
Al referirse a este periodo en registros oficiales, se le llama “Tiempos de Tintas” en español y “RGB era” en inglés.
Después de esos primeros 10 años, las tintas se empezaron a secar; por ello hoy en zonas verdes el brillo luminoso de los lagos es presente, aunque tenue, y los inviernos en los lugares azules son menos mortales.
Refutaciones y las Tintas Mate.
Esfigato Esconfitto, un famoso cronista que a día de hoy radica en la capital, asegura con el respaldo de otros supervivientes de los tiempos de tintas, que las tintas secaron, pero que la pérdida de color en las tintas es una percepción que se puede refutar con los datos. A este fenómeno él le ha llamado “Tinta Mate”.
Asegura que las tintas al secar perdieron brillo, pero no saturación, pues si analizas los registros de temperatura histórica, los inviernos azules no se han hecho menos gélidos; la gente está simplemente acostumbrada a ellos y, por lo tanto, capacitada para enfrentarlos.
En cuanto a las zonas verdes, la temperatura se ha mantenido, con un leve aumento en la humedad en algunas zonas, y la disminución del alga bioluminiscente puede achacarse a que las poblaciones de animales acuáticos aumentaron y algunos de estos se la comen. Sin embargo, en los días extremadamente cálidos se puede ver una explosión repentina en su población, y el destello en estas noches es idéntico al vivido durante la Década Verde.
La única tinta, según Esconfitto, que sí ha perdido saturación es la roja. Esto se debe en menor parte a los esfuerzos de la Unión para recuperar estos territorios. Pero el verdadero motor para lavar esta tinta es la vida y su determinación por superar cualquier adversidad.
Selección natural de hardware.
Esta década fue un reinicio global con grandes cambios ambientales y sociales. La tecnología nueva, ligera, brillante e irreparable no lo sobrevivió. Sus cuerpos eran delicados y cualquier defecto en ellos era fatal; conseguir partes, incluso canibalizando otros dispositivos, se mostró ineficiente en el mejor de los casos y comúnmente, imposible. Esta tecnología abandonada, de cristales líquidos y obsolescencia programada, es conocida como Pre-GA.
Solamente la tecnología vieja, considerada retro, robusta y reparable, sobrevivió. Fue reparada, mantenida y, una vez la humanidad se puso de nuevo firme en sus dos pies, la civilización fue reconstruida, tomando esta tecnología como base. Esta tecnología sobreviviente, de plástico amarillento y tubos catódicos, es conocida como Post-GA.
La Unión:
Cuando los colores del Tiempo de Tintas secaron, ya había comunidades asentadas, pero sin conexión entre ellas. Había grandes riesgos en esto, sobre todo si la desconexión se alargaba; la comunicación se haría más compleja, los conocimientos que quedaron aislados se perderían; en algún momento, regresar a una conexión y unidad similar a la pre-GA sería imposible. El esfuerzo inicial era para recuperar la conexión y se autodenominaron Voceros.
Se guiaron por las carreteras y caminos que unían el continente pre-GA y establecieron comunicaciones, primero entre vecinos cercanos y luego entre áreas más extensas y de regreso con sus compañeros. Dejaron representantes en las comunidades. Con el tiempo se convirtieron en mediadores, referentes, quienes eran consultados por opiniones, a quienes se solicitaba ayuda. Se establecieron como una unidad de comunidades, la Unión.
Terraneós en la Unión
En este punto, la unión dejó de ser un ente dirigido por los humanos. Los Diphyos participaron en la Unión desde sus inicios, por lo que no tienen una fecha de integración formal.
Los primeros en integrarse formalmente fueron los Loomis, quienes eran pocos y estaban aislados. Aunque, si le preguntas a uno de los ancianos de la Unión, te diría que ellos unieron a los Loomis, como quien obliga a su primo emo a participar activamente en la carne asada.
Posteriormente, se unieron los Matalis, quienes no necesitaban a la unión para comunicarse, ya que nunca perdieron los enlaces entre comunidades. Sin embargo, sí perdieron su cadena de suministros, lo que podía llevar a una crisis.
Si bien los Cera tienen representantes en la Unión, no están formalmente incluidos, parcialmente, porque carecen de gobierno.
Alcance:
Actualmente, la Unión cubre todo el continente con las excepciones de Alaska y las islas Malvinas. Se distinguen 4 fragmentos: el norte, que incluye las zonas que se tintaron de azul y México; el ecuatorial, el fragmento sur, que incluye los países de la zona sur que se tintaron de azul, la central, que es lo que queda entre estas dos, pero es parte del territorio continental y las islas.